
Se quedó parada en el andén, esperando, como siempre había hecho.
- "
El tren pasa una sola vez en la vida y hay que cogerlo" - Estaba harta de esa frase. A ella no le gustaba esperar, pero sentía que era su destino.
Hoy esperaba con razón. Esperaba un tren, una persona, una vida nueva. Le había dicho que vendría. Pasaban cinco minutos de las seis. Se retrasaba. Miró al resto de personas que estaban allí con ella. La mayoría charlaban animadamente, otros leían abstraídos del mundo que los rodeaba. Ella pensaba.
Llevaba mucho tiempo en ese anden. Miró los horarios. Quedaba una hora para la salida del último tren. ¿Porqué no había llegado todavía?. ¿No iba a venir? - Seguro que vendrá - Se dijo a si misma. Siempre había sido muy positiva, a pesar de que las decepciones iban ganando en su estadística. Mil a cero aproximadamente. Intentó concentrarse en no pensar.
Un niño esperaba con su madre. Quizás acertó su tristeza y la miró mientras jugaba a esconderse entre las piernas de su madre. Ella le sonrió. Los niños son felices mientras son niños, se dijo. Ella ya era mayor para esconderse detrás de nadie. Aunque en ese momento deseara hacerlo. No quería estar allí, o mejor, no quería estar allí sola. Miró el reloj. Cinco minutos más, o cinco minutos menos, según se mirase. Ella tenía paciencia pero el tren no esperaría.
Comenzó a pensar cuál sería su decisión ¿Se merecía que la esperase? No importaba, el amor que sentía la obligaba a seguir allí, dia a dia,... tren tras tren